El día que regresé de China o vanity no chino

Mis amigos: ¿Saben que estuve por París y me decepcionó esta vez?. Las putas de Pigalle no estaban en su sitio habitual. Ya lo dijo Mercedes, cambia, todo cambia. Pues ahora regresé de China. ¡Oh! Qué maravilla, qué copias. Quise ir a La Muralla china but no pude gritar "abre la muralla". Me quedè con ganas de decirlo y no bien haber puesto un pie en el avión me encuentro con Julius Nyerere. El andaba de paso. Fue a comprar palitos, pomadas, todo tipo de ungüentos y bálsamos pero me contuve de preguntarle qué dolencia le acaecía. No es de buen gusto, pensé. Pero me fue grato sentarme a su lado en primera clase y él mismo me recordò la conga santiaguera que el hermoso y hospitalario pueblo de Santiago le tributara un dìa. "Nyerere, nyerere/ Santiago te saluda aunque no sabe quien tú ere.
Me desternillè de la risa. Ese hombre le tiene pánico a los aviones, seguro recordó el canto porque, ya se había tomado hasta el pulso en esa zona congelada de los aviones y hasta sacó un puro de esos que solo he visto en Santo Domingo. Soy una detallista nata. Eran Robustos Cohiba y los dientes los tenía blanquísimos como los de Platero. Entonces, saco yo muy fina un vanity colección Mae West, que verán en la foto. Y me he sentido muy humillada pues mis dientes están tan amarillos que ni los de un chino. Los chinos son blancos- blancos y se ponen lentes azules y se peinan al estilo Manga. ¿Cuándo dejaré – pregunto– de sentirme humillada en cualquier país o rincón donde me coge la noche? Adiòs. No puedo pensar màs en Nyerere. Ni en Oscar Niemeyer. Les abrazo con todo mi fervor londinense.

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