¿Cómo es Tita?



¿Cómo es Tita?
Tita es revolucionaria.
Tita, amigos, es la hija de la vejez. Como ven es pequeña, peluda, tan suave que se diría toda de algodón pero Tita es más que Platero y más que yo. Sus gustos son exquisitos. Por ejemplo, yo le gusto a Tita y a mí Tita me tiene arrobada. Toma agua de la piiiiiiileta porque es de Córdoba. Es de afuera, hace poco la gente de los bajos me tiraron al DTI, porque como se pone en falta el pez perro, la merluza y el pargo, traté de darle claría y se me negaba una y otra vez con una tranquilidad pasmosa. Prefiere la carne de puerco de la boutique de 19 – agro multipremiado y ofensivo a los ojos de cualquiera– a una lata de sardinas y le gusta el flan con dos tipos de leche, condensada nestlé y evaporada. Camina por lo mojado como si tal cosa y en puntillitas, o sea, me considera. Las bolitas son para ella ya un mero aperitivo. Siempre espera más pero digna. Sabe que cuando se puede, se puede. Y cuando no. Ella sabe esperar. Nunca baja pues la chusma la enerva. Las lycras y shores a cuadros la ponen de los nervios. Y el griterío la puede tirar depresiva por dos días. Por supuesto que me adora y aunque no haya nada en dos dìas o más, por ejemplo, hoy tuve que meter para perritos de pollo en salsa, se aguanta porque entiende que si el de vigilancia huele el olor de la langosta, yo, su madre, puedo ser denunciada. Sin embargo me mira desconfiada porque es precisamente de esa casa, del de vigilancia, desde donde màs suben olores de esos tipo langostinos, camarones. Y ella prefiere mil veces mi cariño a cualquier otra desviación de tipo ideológico que provoque un vacío en su enorme corazoncito de gata recogida, huérfana, triste y hoy feliz y militante. Como su madre que, a falta de un hijo varón que nunca tuvo y que iba a llamarse Tito como Tito Puente o como Tito Junco. Yo le puse así como Tita que es algo así como Rita pero con T.

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